La construcción de Atucha III permitirá fortalecer la industria nuclear nacional y producir energía limpia y segura.

Por José Luis Antúnez *

La decisión de construir el reactor Hualong como Atucha III está respaldada por más de una década de trabajo y se enmarca dentro de la tradición de excelencia nuclear argentina, en línea con la tendencia mundial de apostar a la energía nuclear como fuente de energía limpia y segura para combatir el cambio climático.

A comienzos de febrero, Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA) y la Corporación Nuclear Nacional China (CNNC) suscribieron el contrato para la construcción de Atucha III, un proyecto que permitirá fortalecer la industria nuclear nacional y producir energía limpia y segura. Esta decisión está respaldada por más de una década de análisis y trabajo, y se enmarca dentro de la tradición de excelencia de más de 70 años de desarrollo nuclear nacional.

De esta manera, Argentina se consolida en el grupo de naciones que lleva adelante la construcción de 52 reactores alrededor del mundo, entre los que se encuentran países experimentados como Brasil, Corea del Sur, China, Eslovaquia, Estados Unidos, Finlandia, Francia, India, Irán, Japón, Pakistán, Reino Unido, Rusia y Ucrania, y otros que incursionan en la energía nuclear por primera vez, como Bangladesh, Bielorrusia, Emiratos Árabes y Turquía.

Luego de la realización del 5° Mecanismo del Diálogo Estratégico para la Cooperación y la Coordinación Económica entre la República Argentina y la República Popular China el pasado 6 de febrero, la cuarta central nuclear fue incluida en el listado de los diez proyectos prioritarios para la cooperación en el desarrollo de infraestructura. Esta negociación se enmarca en el Acuerdo Marco sobre Cooperación Económica y en Inversiones celebrado entre ambos Gobiernos, firmado en el año 2014 y ratificado por el Congreso de la Nación en 2015. Este listado fue convalidado por el Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto argentino en reunión con la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China, en el marco de la reciente visita presidencial.

Un poco de historia. La decisión de continuar promoviendo la incorporación de centrales nucleares al sistema eléctrico argentino forma parte de la planificación energética nacional desde que se decidió incursionar en el desarrollo de estas capacidades como resultado de la contratación de la Central Nuclear Atucha I “Juan D. Perón”.

En 1965, de acuerdo a lo consignado por la Memoria de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Poder Ejecutivo Nacional por Decreto N° 485 dio su aval a la iniciativa referente a la instalación en el país de un reactor de potencia. Pese a que la historia de la actividad nuclear con fines pacíficos había comenzado 15 años antes, con la creación de la CNEA, allí comenzaba la historia de la producción de energía eléctrica a partir de la energía nuclear. De ahí en adelante, lo que sabemos: a la Central Nuclear Atucha I, le siguió Embalse en Córdoba y luego Atucha II “Néstor C. Kirchner”.

Por entonces, nuestro país había comenzado a consolidar sus capacidades no solo en la construcción de reactores de investigación local e internacionalmente y de centrales nucleares destinadas a la producción de energía, sino que había consolidado paulatinamente las capacidades científicas, tecnológicas e industriales necesarias para darle soporte a semejantes emprendimientos.

A propósito de las recientes declaraciones de un grupo de exfuncionarios de la Secretaría de Energía, no resulta extraño que sus dichos coincidan con lo que hicieron cuando ejercieron esas funciones. Fue precisamente durante sus gestiones que el Plan Nuclear argentino perdió su vigor e impulso, casi al borde de su abandono definitivo. Quienes conocemos la historia del sector, que hoy emplea a más de diez mil personas de forma directa, sabemos bien quiénes son. Incluso se han escrito libros sobre los deficientes resultados de su gestión.

Sobre improvisaciones. Conviene recordar que, en el marco de la reunión de Ministros de Energía del G-20 celebrada en junio de 2016, el entonces Ministro de Energía y Minería de la Nación suscribió un Memorando de Entendimiento con la Administración Nacional de Energía de China en donde ratificaba todas las gestiones realizadas hasta entonces y los compromisos asumidos con anterioridad, y afirmaba que el Plan Nucleoeléctrico de la Argentina consistía en construir dos centrales nucleares de potencia, una tipo CANDU y otra tipo Hualong.

La construcción de dos centrales nucleares se correspondía con una estrategia que se había planificado a lo largo de la década del 70′, se había comenzado a diseñar a partir de la reactivación del Plan Nuclear en 2006 y se puso en ejecución cuando la finalización de Atucha II empezaba a hacerse realidad.

Como si fuera poco, en los Escenarios Energéticos 2030 publicados por la cartera de Energía en diciembre de 2017 y noviembre de 2019, la generación de energía a partir de centrales nucleares formaba parte esencial de la prospectiva y la planificación de la matriz energética. ¿Habíamos hecho todo mal? ¿Qué negociaron durante 4 años? ¿De qué sirve escribir planes que no se van a cumplir?

El entonces ministro de Energía y Minería firmó en Beijing un Memorándum de Entendimiento con el Director de la Administración Nacional de Energía China para construir dos centrales nucleares en el país con financiamiento de bancos chinos. Fuente: MINEM Junio, 2016.

En lo que a improvisación se refiere, cabe destacar la decisión de esa misma gestión de anunciar la construcción de una central nuclear Hualong en Rio Negro en el año 2017, iniciativa que, a tres meses de su lanzamiento, fracasó y tuvo como resultado que la Provincia prohibiera el proyecto por Ley N° 5227 y obtuviera la ratificación de esa decisión a través de un fallo del Supremo Tribunal de Justicia provincial en 2018.

Ese mismo año, los exsecretarios apoyaron la decisión de cancelar la construcción de nuevas centrales incluidas en el Plan Estratégico 2015-2024 de Nucleoeléctrica, sin poner reparos en aquella abrupta e irresponsable decisión. Finalmente, no se avanzó en ninguno de los dos proyectos y se enviaron a pérdida más de 470 millones de dólares, el equivalente a los recursos necesarios para extender la vida útil de Atucha I.

Las contradicciones. Quienes apoyaron la cancelación del proyecto nacional tipo CANDU que utilizaría uranio natural y agua pesada son los que hoy se escandalizan por la transición hacia un ciclo de combustible de uranio enriquecido y agua liviana, alegando que no producimos el primero de estos dos insumos. Son los mismos que en el año 1995 decidieron dejar de producir el uranio natural de forma local para pasar a comprarlo en el exterior y que en 2017 soslayaron el cierre de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de la CNEA, obligando al país a importar este insumo que requiere en la actualidad para continuar operando sus tres centrales en funcionamiento.

Por otro lado, resulta oportuno considerar que la Argentina comenzó a transitar el desarrollo de capacidades en el mismo ciclo de combustible que utilizará la central nuclear tipo Hualong cuando a mediados de la década del 80′ la CNEA presentó el Proyecto CAREM, prototipo del primer reactor de potencia de diseño argentino. Este reactor que se presenta como una gran oportunidad para consolidar al país como exportador de tecnología nuclear en el segmento de reactores pequeños y medianos se encuentra en construcción desde febrero de 2014 con el apoyo de Nucleoeléctrica. Hemos dicho más de una vez, no existe contradicción entre la construcción de centrales nucleares pequeñas y grandes, siempre y cuando estemos pensando en darle continuidad a la energía nuclear en la matriz energética local.

La Ley 26.566 que establece el marco jurídico para la construcción de centrales nucleares sigue vigente y de acuerdo a los Lineamientos para un Plan de Transición Energética al 2030 publicado por la Secretaría de Energía el pasado noviembre, la energía nuclear forma parte esencial de la estrategia argentina para poder acompañar el cumplimiento de los compromisos nacionales en materia de mitigación del cambio climático.

De acuerdo a lo informado por Nucleoeléctrica a propósito de la firma del contrato con CNNC por Atucha III, este fue el primer paso en un proceso que requerirá dar cumplimiento con la normativa nacional vigente, situación que se impone como obligatoria para poder comenzar con la obra: la justificación del proyecto en el marco de la Ley 27.122; el estudio de impacto ambiental; el financiamiento; los contratos de suministro y transferencia de tecnología para los combustibles y las licencias de la Autoridad Regulatoria Nuclear, entre otros requisitos, son mandatorios.

Además del Proyecto Atucha III, en cumplimiento del Plan Estratégico 2021-2030 de Nucleoeléctrica, aprobado por el Poder Ejecutivo Nacional el 23 de junio de 2021, también estamos trabajando en la recuperación del Proyecto Nacional tipo CANDU (V Central Nuclear), así como también en la Extensión de Vida de la Central Nuclear Atucha I.

En Nucleoeléctrica creemos firmemente que lo mejor es hablar poco y hacer mucho.

* El autor es presidente de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA)

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